14/06/2021 Foto principal

La incertidumbre del mientras tanto

Nadie puede negar que la pandemia nos impone una realidad durísima. Tampoco se puede olvidar que es una situación que, en muchos países del mundo, lleva más de quince meses y con la cual, si podemos ser optimistas, habrá que seguir conviviendo por lo menos tres o cuatro meses más.

Cuando suceden fenómenos tan extremos e inusuales, se vuelve indispensable que, como sociedad y desde los distintos niveles del Estado, se establezcan reglas claras que nos guíen para entender cómo seguiremos durante ese “mientras tanto” de varios meses.

Sabemos que hay cantidad de actividades que son proclives a generar un gran número de contagios. Sucede en algunas industrias en las que, por distintas razones, no se han establecido protocolos pertinentes y en situaciones de esparcimiento social, como las reuniones y las fiestas. Pero también está comprobado que, siguiendo los cuidados y protocolos correspondientes, algunas actividades productivas no son peligrosas desde lo sanitario.

Todos los países han sufrido daños, mayores o menores, en sus economías, pero aquellos que venimos arrastrando problemas previos a la pandemia los sufrimos aún más

Ahora bien, la emergencia sanitaria en la que se encuentra el mundo lamentablemente viene acompañada de una fuerte crisis económica. Todos los países han sufrido daños, mayores o menores, en sus economías, pero aquellos que venimos arrastrando problemas previos a la pandemia los sufrimos aún más. La incertidumbre de no poder visibilizar un futuro prometedor en el corto plazo ha llevado a prohibir algunas actividades económicas, como la construcción, aún cuando es un sector que en otros países es considerado como “actividad esencial”.

La pandemia y la cuarentena produjo que las organizaciones repensemos mucho nuestro que hacer y el impacto positivo que tiene nuestro trabajo. Existen varias razones por las cuales la construcción y el real estate deberían ser consideradas actividades esenciales. En primera instancia es importante destacar que estamos ante la presencia de una industria federal, es decir a lo largo y ancho de todo el país se construyen viviendas que le permiten a millones de familias acceder a un hogar propio. En segundo lugar, no es menor el efecto motorizador de puestos de trabajo que el sector genera, probablemente de los más grandes del país, por eso mismo es considerada por muchos como la “industria de industrias”.

Existen varias razones por las cuales la construcción y el real estate deberían ser consideradas actividades esenciales

En tercer lugar, desde que comenzó la pandemia se ha trabajado fuertemente en la definición y el cumplimiento de protocolos, que tienen como premisa fundamental cuidar a los trabajadores de la construcción. Los empleados se trasladan en vehículos privados, propios o alquilados por las empresas. Tenemos las “burbujas” de trabajo definidas para tener rotación de personal e, incluso, se podrían agregar otras reglas (como redistribuir trabajadores en distintas obras o exigir un “aforo” de obreros por metro cuadrado de construcción), para hacer aún más segura nuestra actividad. Como si esto fuese poco es importante entender que gran parte del trabajo que se realiza en las obras se desarrolla al aire libre o con la ventilación pertinente, y en espacios lo suficientemente amplios como para mantener el distanciamiento necesario entre los obreros. A modo de ejemplo: en una obra de 10.000 metros en la que trabajan 100 empleados, cada obrero podría realizar su tarea en una superficie promedio de 100 metros cuadrados, con lo cual un potencial contagio sería imposible.

Si bien ahora los constructores tenemos la posibilidad de retomar nuestras obras, la prohibición de actividades no debe ni puede ser la solución a la situación sanitaria. La construcción y el real estate necesitan la articulación de herramientas que, de una manera u otra, generen expectativa y optimismo en el sector para continuar trabajando y dinamizando la economía del país.

En una obra de 10.000 metros en la que trabajan 100 empleados, cada obrero podría realizar su tarea en una superficie promedio de 100 metros cuadrados, con lo cual un potencial contagio sería imposible

Un ejemplo de esto es la posible extensión del blanqueo a 90 días, una medida muy positiva y vista con buenos ojos por quienes estamos en este negocio, ya que podría finalmente favorecer a que determinado público canalice y regularice su dinero a través de la construcción.

Nuestro país necesita de un sistema productivo fuerte, y eso solo se conseguirá si se le brinda la necesaria previsibilidad de que podrá seguir funcionando y aportando a la economía nacional.

FUENTE: @infobae

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